Estilo dominante
en el arte y la arquitectura occidentales aproximadamente desde
el año 1600 hasta el 1750. Sus características perduraron a lo
largo de la primera mitad del siglo XVIII, si bien dicho periodo
se denomina en ocasiones estilo rococó. Manifestaciones barrocas
aparecen en el arte de prácticamente todos los países europeos.
La evolución
del arte barroco, en todas sus formas, debe estudiarse dentro
de su contexto histórico. Desde el siglo XVI el conocimiento humano
del mundo se amplió constantemente, y muchos descubrimientos científicos
influyeron en el arte; las investigaciones que Galileo realizó
sobre los planetas justifican la precisión astronómica que presentan
muchas pinturas de la época. Hacia 1530, el astrónomo polaco Copérnico
maduró su teoría sobre el movimiento de los planetas alrededor
del Sol, y no de la Tierra como hasta entonces se creía; su obra,
publicada en 1543, no fue completamente aceptada hasta después
de 1600. La demostración de que la Tierra no era el centro del
Universo coincide, en el arte, con el triunfo de la pintura de
género paisajístico, desprovista de figuras humanas. El activo
comercio y colonización de América y otras zonas geográficas por
parte de los países europeos fomentó la descripción de numerosos
lugares y culturas exóticas, desconocidos hasta ese momento.
La religión
determinó muchas de las características del arte barroco. La Iglesia
católica se convirtió en uno de los mecenas más influyentes, y
la Contrarreforma, lanzada a combatir la difusión del protestantismo,
contribuyó a la formación de un arte emocional, exaltado, dramático
y naturalista, con un claro sentido de propagación de la fe. La
austeridad propugnada por el protestantismo en lugares como Holanda
y el norte de Alemania explica la sencillez arquitectónica que
caracteriza a esas regiones.
Los acontecimientos
políticos también tuvieron influencia en el mundo del arte. Las
monarquías absolutas de Francia y España promocionaron la creación
de obras que, con su grandiosidad y esplendor, reflejaran la majestad
de Luis XIV y de la casa de Austria, en especial de Felipe III
y Felipe IV.
Características del arte barroco
Entre las
características generales del arte barroco están su sentido del
movimiento, la energía y la tensión. Fuertes contrastes de luces
y sombras realzan los efectos escenográficos de muchos cuadros,
esculturas y obras arquitectónicas. Una intensa espiritualidad
aparece con frecuencia en las escenas de éxtasis, martirios y
apariciones milagrosas. La insinuación de enormes espacios es
frecuente en la pintura y escultura barrocas; tanto en el renacimiento
como en el barroco, los pintores pretendieron siempre en sus obras
la representación correcta del espacio y la perspectiva. El naturalismo
es otra característica esencial del arte barroco; las figuras
no se representan en los cuadros como simples estereotipos sino
de manera individualizada, con su personalidad propia. Los artistas
buscaban la representación de los sentimientos interiores, las
pasiones y los temperamentos, magníficamente reflejados en los
rostros de sus personajes. La intensidad e inmediatez, el individualismo
y el detalle del arte barroco manifestado en las representaciones
realistas de la piel y las ropas hicieron de él uno de los
estilos más arraigados del arte occidental.
Barroco en Francia
Al comienzo
del siglo XVII en Francia, la escuela manierista de Fontainebleau
mantenía su actividad gracias a los encargos para el castillo
de Fontainebleau, entre los que destacan la decoración de la capilla
de la Trinidad con pinturas de Martin Fréminet (1619). El manierismo
también se conservó en las pinturas de Jacques Callot y Jacques
Bellange. Las escenas tenebristas de Georges de la Tour, sin embargo,
sugieren la influencia de Caravaggio. El naturalismo barroco evolucionó
de la mano de artistas como Valentin de Boulogne, que había vivido
en Italia, y de aquellos otros que habían tenido relación con
los pintores flamencos naturalistas, como los hermanos Le Nain
y Philippe de Champaigne. De enorme trascendencia en la historia
de la pintura barroca francesa fue el clasicismo de Nicolas Poussin.
Aunque vivió en Roma la mayor parte de su vida, la influencia
de Poussin como la de su compatriota en la capital italiana
Claudio de Lorena en su país natal fue enorme. La segunda
mitad del siglo XVII abrió paso a un arte plenamente barroco,
donde se combinaba el clasicismo precedente con los nuevos gustos
dictados por la Academia de Bellas Artes, ejemplificado en los
frescos de Charles Lebrun para el palacio de Versalles. El último
exponente de la pintura barroca francesa fue Antoine Coypel, fuertemente
influido por la obra de Rubens, como se aprecia en las pinturas
para la capilla real de Versalles.
La escultura
de Pierre Puget también fue característica del pleno barroco,
mientras que François Girardon y Antoine Coysevox practicaron
un marcado clasicismo en las esculturas monumentales para el rey
Luis XIV. El grupo escultórico de Girardon Apolo y las ninfas
(1666-1672), en la cueva de Tetis de Versalles, es una muestra
del gusto francés por la interpretación fidedigna de la antigüedad.
El palacio
de Versalles (comenzado en 1661), construido para albergar la
corte de Luis XIV por Louis Le Vau, André Le Nôtre y Charles Lebrun,
es el monumento arquitectónico más importante del barroco francés.
Su dedicación al Rey Sol, sus estrictas formas clásicas, sus vastos
y complejos jardines y los suntuosos interiores, estaban destinados
a mostrar la gloria y el poder del monarca; dio origen a imitaciones
encargadas por los reyes absolutistas de toda Europa. Un proyecto
igualmente grandioso, sutil y delicado, fue la ampliación del
palacio (actual museo) del Louvre (1660-1680), encargada a Bernini
en un primer momento pero definitivamente realizada por Le Vau,
Lebrun y Claude Perrault entre otros.
Barroco en Austria
y Alemania
Aunque los
acontecimientos políticos guerra de los Treinta Años (1618-1648)
en Alemania y presencia de los turcos en Austria impidieron
el desarrollo del barroco en ambos países hasta el siglo XVIII,
algunos artistas importantes se destacaron a lo largo del siglo
XVII. Dos maestros de la pintura barroca alemana fueron Adam Elsheimer,
que se trasladó a Roma en 1600 y pintó dentro de la corriente
clasicista italiana, y Johann Liss, que viajó a Venecia en 1621,
trabajando allí y también en Roma.
La escultura
del siglo XVII en Alemania y Austria conservó las características
del gótico tardío y el manierismo. En Alemania, el altar Überlingen
(1613-1619), de Jörg Zürn, representa la continuidad de la tradición
alpina en la talla de madera, mientras que el de la iglesia parroquial
de Insterburg (c. 1623), de Ludwig Munstermann, evidencia
la influencia manierista. Balthasar Permoser, en Baviera, asimiló
el estilo del pleno barroco italiano trasladándolo a Dresde, donde
se convirtió en el escultor barroco más destacado. Sus alegres
esculturas para el Zwinger (comenzado en 1711), una ampliación
grandilocuente del palacio de Dresde proyectada por Pöppelman,
están consideradas por los estudiosos como la parte más interesante
del edificio. En Viena, al igual que en Dresde, la arquitectura
barroca encontró entre los monarcas a sus mejores mecenas. Uno
de los más destacados arquitectos barrocos de Austria, Johann
Bernhard Fischer von Erlach, demostró su perfecto conocimiento
de los modelos italianos en la exuberante iglesia de San Carlos
Borromeo en Viena (1716-1737).
Barroco en Inglaterra
La pintura
barroca en Inglaterra estuvo dominada por la presencia de Van
Dyck, inspirador de una generación entera de retratistas. La escultura
recibió influencias, igualmente, de los estilos italiano y flamenco.
El arquitecto Inigo Jones estudió el clasicismo de Andrea Palladio
en Italia, como se aprecia en su Banqueting House (1619-1622,
Londres), que contiene un espectacular fresco en el techo con
la Alegoría de la Paz y la Guerra (1629) de Rubens. Sir Christopher
Wren también viajó a Italia y Francia, y sus proyectos para la
catedral de Saint Paul en Londres (iniciada en 1675) revelan su
profundo conocimiento de Bramante, Bernini y otros arquitectos
italianos. Wren, que dirigió la reconstrucción de Londres tras
el incendio de 1666, influyó decisivamente en la arquitectura
inglesa y de sus colonias americanas incluso después de finalizado
el siglo XVII y bien avanzado el XVIII.
Música Barroca
Estilo musical
que se desarrolló en Europa aproximadamente entre los años 1600
y 1750. Si bien la música entre estas dos fechas tiene rasgos
comunes, el comienzo de este periodo está marcado por unas innovaciones
estilísticas y técnicas que permitieron la creación del nuevo
género de la ópera. El final del periodo se caracteriza por la
aparición de elementos del clasicismo en la música instrumental
y en la ópera.
A mediados
del siglo XVII, el centro de innovación se trasladó de Italia
a Francia, donde Jean-Baptiste Lully, un italiano expatriado,
desarrolló un nuevo tipo de ópera en consonancia con la grandilocuencia
de la corte francesa. Mientras que la ópera italiana puso en un
papel cada vez más destacado al cantante solista, la ópera francesa
enfatizaba elementos de la danza derivados de la tradición anterior
del ballet de corte, del coro y de los efectos escénicos espectaculares.
Se desarrolló un estilo musical melódico para los solistas, a
la vez claro y elegante, adaptado a los textos franceses, en contraste
con la creciente producción de líneas melódicas que acompañaron
el auge del virtuosismo vocal en Italia. Sin embargo, tanto los
estilos operísticos de Italia como de Francia distinguían entre
los recitativos (episodios conversacionales relativamente veloces
que llevaban el peso de la trama argumental) y las extensas arias,
que relajaban las tensiones emocionales de los personajes individuales.
Durante el siglo XVII, la comunicación de las emociones más significativas
pasó poco a poco del recitativo al aria, especialmente en Italia.
El género del oratorio floreció
en la Italia del siglo XVII en paralelo a la ópera, utilizando
las mismas formas y estilos musicales técnicos que para la presentación
de relatos sagrados, aunque a menudo interpretados sin los recursos
de una puesta en escena teatral completa. Otro género relacionado
con la ópera era la cantata de cámara, que reflejaba las características
estilísticas y formales de la música de las óperas italianas y
francesas. Algunas de las cantatas eran, en efecto, escenas operísticas
en miniatura, pero otras eran, en esencia, montajes musicales
con una poesía lírica más íntima.